…las raices se entierran en el suelo, se retuercen entre el barro, prosperan en las tinieblas; tienen al árbol cautivo desde que nace y lo nutren a cambio de un chantaje:»¡si te liberas, te mueres!».

A los árboles no les queda más remedio que resignarse, necesitan tener raices; los hombres, no. Respiramos la luz, codiciamos el cielo, y cuando nos hundimos en la tierra es para pudrirnos. La savia del suelo natal no nos entra por los pies para subirnos hasta la cabeza, los pies sólo nos sirven para andar.

Lo único que nos importa son los caminos.

…nos prometen,nos transportan, nos impulsan y, luego, nos abandonan…

Orígenes, Amin Maalouf